De Fernando Schwarts.
Ya’kub pertenece a la aristocracia egipcia, pero perderá la
inocencia en el fuego de los más bajos prostíbulos y de las dunas del
Sahara. Hijo del protectorado británico de Egipto, Ya’kub fue el niño
Jamie que creció feliz en Inglaterra y ahora se tiene que convertir en
un cairota respetable como su padre, el gran Hassanein Bey. Desorientado
por las hormonas y el cambio de cultura, la única brújula que le queda
es la figura paterna, a la que seguirá por una peligrosa travesía a
través del desierto de Libia.
Fernando Schwartz nos introduce en los inhóspitos territorios del Sahara, en los más fastuosos palacios de El Cairo y en sus barrios más canallas para novelar las hazañas de Ahmed Hassanein Bey, el preceptor del rey Faruk, marido de la reina madre viuda Nazli y, sobre todo, aventurero y descubridor de las pinturas rupestres de los oasis perdidos del desierto líbico.
Es una entretenida novela de aventuras y viajes en el Egipto colonial de principios del siglo XX, con personajes victorianos llenos de la flema mas británica, que en algunos momento llega a parecer una historia de Julio Verne. Sin ser nada del otro mundo no deja de ser entretenida. El autor mezcla realidad y ficción y se permite unas (para mi gusto) excesivas licencias históricas que aclara en el epílogo. Muy lejos de sus grandes obras como "El Desencuentro"o "El Cuenco de Laca".
Fernando Schwartz nos introduce en los inhóspitos territorios del Sahara, en los más fastuosos palacios de El Cairo y en sus barrios más canallas para novelar las hazañas de Ahmed Hassanein Bey, el preceptor del rey Faruk, marido de la reina madre viuda Nazli y, sobre todo, aventurero y descubridor de las pinturas rupestres de los oasis perdidos del desierto líbico.
Es una entretenida novela de aventuras y viajes en el Egipto colonial de principios del siglo XX, con personajes victorianos llenos de la flema mas británica, que en algunos momento llega a parecer una historia de Julio Verne. Sin ser nada del otro mundo no deja de ser entretenida. El autor mezcla realidad y ficción y se permite unas (para mi gusto) excesivas licencias históricas que aclara en el epílogo. Muy lejos de sus grandes obras como "El Desencuentro"o "El Cuenco de Laca".
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